
Waldemar en sus palabras, tomado del CD grabado con meste Canjiquinha en los 80´s :
Me chamo Waldemar Rodrigues da Paixão, nascido em 1916, aprendi capoeira com Siri de mangue, Canário Pardo, Talabi e Piri Piri. Levei quatro anos aprendendo, em 40 passei a ensinar e aí continue ensinando, agora eu parei de ensinar; só passo fabricando meus berimbaus.
Yo me llamo Waldemar Rodigues da Paixão, conocido como mestre Waldemar do Pero Vaz. Soy uno de los viejos capoeiristas, como nos llaman; ya no estoy jogando. Tengo cuarenta y seis años de capoeira, de enseñar capoeira y cuatro que duré aprendiendo. Me considero el capoeirista más viejo de Bahia; después de Bimba y Pastinha soy el más viejo. Tuve cuatro mestres: Siri de Mague capoeirista viejo, ya muerto. Canário Pardo, Ricardo y uno llamado Talabi. Porque a todos los mestres buenos yo les pedía que me enseñaran, por esto es que la gente tiene que darle valor a los cuatro, porque aprendí con los cuatro. Aprendí capoeira en 1936, duré cuatro años aprendiendo. En 1940 comencé a enseñar aquí en Pero Vaz.
El deporte de la capoeira entró en mi cabeza, y quedé apasionado. Cómo cuando alguien ve una mujer y le gusta, se apasiona, así me apasioné por el deporte de la capoeira. Y hasta hoy voy de la mano con ella. Tengo amor al deporte de la capoeira.
Viendo un día una roda de capoeira en Periperi, tenía aquellos mestres viejos, antiguos, entonces pedí permiso para aprender. En aquel tiempo no existía academia había otra roda no Periperi y la academia era donde hubiese una sombra buena, se hacía aquel ring y entonces venía capoeirista de todo lugar. No se ocupaba avisar, todos sabían que el domingo en la tarde el deporte era la capoeira. Cada uno llevaba su berimbau, quién tenía llevaba su berimbau, quién no tenía, no llevaba, así era.
Quién me enseñó a tocar fue Siri de Mangue. Cantar uno canta, nadie te enseña a cantar. Puede enseñar, pero sin tener voz no vale la pena. Si usted no tiene voz, yo no le puedo enseñar. Porque yo canto de una manera, canto entonado, el ya canta desentonado, entonces no quiero que anden diciendo que le enseñé mal a alguien, La voz la gente ya nace con ella.
En mi tiempo, cuando un capoeirista levantaba el pie, el sabía que iba a pegar. Ahí devolvía el pie no necesitaba pegar. Aquellos rabos de arraia para tirar el pescuezo, me cansé de hacerlos. Marcaba tres veces, y la cuarta lo soltaba. Después de las tres, ya está listo para defenderse, porque aquellos rabos de arraia, si usted los hace de una vez y el otro no lo espera, los recibe al pie del oído, cae y no se levanta más. Por esto es que la gente hace aquellos engaños.
Eso pertenece a Angola, al jogo de Angola. Hacer que va, devuelve el pie, engaña, cuando el camarada ya está acostumbrado, se acostumbró tres veces viendo aquello y uno no suelta, cuando no lo espera es que viene.
Hoy ya es así: Vum Vum, rabo de arraia, cinco, seis, el negro no sabe lo que está haciendo, allí está desentendido, cada uno cuidándose. Angola no, es diferente, usted va, sabe lo que está haciendo y su adversario también lo sabe. Están entendiéndose (comunicándose). Cuando uno marca de una forma, el otro lo marca de otra.
En mi tiempo, el mestre era muy respetado. En mi roda, mis alumnos, me respetan mucho, los míos. Ellos no son desobedientes, no hacen nada fuera de mi mandato.
Los Cuatro Mestres de Waldemar: Canario pardo, Peri Peri, Talaba, Siri de mangue, Ricardo da ilha de Maré.
El barracón de Waldemar todo hecho de paja, donde enseñó y las rodas realizadas ahí que eran las más frecuentadas por los capoeiristas de Bahia, fue el mismo quién lo construyó.
En el libro Bahia imagens da terra e o povo, publicado en 1964, Odorico Tavares.
Describe de esta manera una roda de Waldemar un domingo en la tarde, en el Corta Braço, en la entrada de las Boiadas, destacando la calidad del mestre como tocador: “Con los tocadores a su lado el mestre levantaba la voz, iniciando el canto. Los jogadores, en número de dos, están agachados en frente suyo. Es lenta la tonada que el mestre canta como solista y ya los jogadores lo acompañan con movimientos más lentos todavía, como cobras que comienzan a moverse, el visitante observa atentamente, como si aquellos hombres ni huesos tuviesen, sus miembros parece que reciben un impulso casi insensible, de adentro para fuera… estos hombres no se tocan, ataques y defensas que se suceden en imprevistos de segundos. Es un milagro en que la violencia de un ataque, en que ninguno se toca, nadie se hiere, nadie se arremete, es combate, es baile que dura horas(paginas 177-178)”
Entrevista realizada a mestre Waldemar
Revista Capoeira N°07, ano II (páginas 46 a 50)
Por: Luiz Renato Vieira
En el último número de esta revista hablamos acerca del reciente desenvolvimiento de la capoeira en Bahia, haciendo referencias a algunos de los personajes que hicieron de eslabón entre el pasado de las famosas rodas de rua con la realidad que vivimos hoy. Se trata de una sinuosa línea, y esa ligación histórica es muy difícil de ser trazada. Felizmente este recorrido viene siendo cuidadosamente reconstruido con el trabajo dedicado de investigadores como Frederico Abreu, Carlos Eugênio, Jair Moura, Mestre Itapoan, Marcos Bretas, Leticia Reis, Antonio Liberac y algunos más. No nos preocupemos, en este momento, por agotar ni en detallar el asunto, lo que sería realmente imposible en los límites de los artículos publicados y, también, por nuestras propias limitaciones. De cualquier forma, el artículo anterior sirve como una breve introducción al tema que vamos abordar.
Para eso, nos vamos a valer de algunas referencias a ese capoeira en la bibliografía y, principalmente, de la opinión en 1989, hace diez años, para un proyecto desenvuelto por el Ministerio de Educación, del cuál el autor de este artículo tuvo la oportunidad de participar, junto a otros capoeiristas e historiadores. Como mestre Itapoan y el queridísimo mestre Ezequiel. En aquella ocasión, mestre Waldemar, con 71 años de edad y sufriendo mal de Parkinson, nos recibió en su casa con toda la gentiliza y simplicidad que caracteriza al pueblo baiano. Fue uno de los momentos más simples e importantes por los que he pasado en mi vida.
Hemos visto que la comunidad de capoeira ha despertado su atención para la vida de mestre Waldemar y su enorme contribución al desenvolvimiento de nuestra arte-lucha. Un buen indicador de eso son las canciones entonadas en las rodas, muchas de las cuáles ya hacen referencia a la importancia de ese hombre, que durante mucho tiempo, estuvo casi olvidado por los capoeiristas. Poco a poco vamos rompiendo los limites de la dualidad mestre Bimba/mestre Pastinha en busca de otros personajes reales, con historias riquísimas sobre su cotidiano y su vida en la capoeira.
Mestre Waldemar, fue iniciado en la capoeira en 1936, ya con 20 años de edad, fue discípulo de Canário Pardo, Periperi, Talaba, Siri de mangue y Ricardo de la isla de Maré: “le pedí a esos hombres que me enseñaran, para poder ser profesional. Para decir que sabía, y así mismo. Aprendí capoeira” , afirmó el mestre, Comenzó a enseñar capoeira en 1940 año en que se inician las presentaciones en la Estrada da Liberdade: “ Antes era al aire libre. Después hice un barracón de paja y todos los capoeiristas de Bahia venían para acá, para jogar”. En poco tiempo, la roda de mestre Waldemar se volvió uno de los puntos más importantes de reunión de los capoeiras baianos. Otros locales de reunión de capoeira eran, como afirmamos en el artículo anterior, el Alto de Amaralina, donde Mestre Bimba organizaba rodas los domingos: el tradicionalísimo Largo do Pelourinho, donde la roda se hacía bajo la dirección de mestre Pastinha, y el Chame-Chame, donde se realizaba la roda de mestre Cobrinha Verde. Waldemar nos cuenta un poco de los personajes de las antiguas rodas, hablando de los “valentöes”:
Había unos que usaban navaja en la cabeza y jogaban con el sombrero. Compraba un sombrero en la tienda, y no hacía zigzag en la copa, nada. De la forma que venía así era como lo usaban. El sombrero era de paja, copa redonda, donde era prensada la navaja con una tira de goma. Yo jogaba con sombrero, pero no usaba nada. Yo no quise usar esas cosas, Siempre quise estar alejado del alboroto, del barullo (…) entonces tengo ese valor hasta el día de hoy. Todo mundo me aprecia, todos me quieren. Aquí de punta a punta, no hay nadie que hable de mi en ningún asunto. Trato a todos bien, no maltrato a nadie”.
Es interesante observar que en las antiguas rodas de capoeira, la literatura lo confirma, ocurrían eventualmente conflictos provocados por los “valentões”. Sin embargo estas figuras vivenciaban el ambiente de la capoeira dentro de determinados límites, sobre todo respetando a los más antiguos y reconocidos como mestres. El respeto a un mestre es, de hecho, una marcada característica de la buena tradición de la capoeira, y vemos a los viejos mestres contar con orgullo una posición que conquistaron en las rodas de su tiempo:
“Barullo(bronca) no tuve con nadie, porque siempre fui respetado, nadie nunca me desafió. Si me desafiaban para jogar, mestre que venía por aquí, lo resolvía con mi cabeza(…)Me respetaban mucho, mis alumnos. Y no había alboroto, porque los veía así, elllos venían al pie del berimbau y nadie peleaba”.
El mestre se emocionaba al contar su historia, y la emoción era más fuerte cuando nos hablaba de la hora en que jogaba:
“Cuando estaba jogando, decía: toque Angola dobrado. Es enrolado, nadie da un salto. Es uno por dentro del otro, pasando, armando tesoura, arriando-se(referencia al rabo de arraia, golpe característico de la capoeira) todo. Parece que estoy viendo jogar. Gusté mucho. Me gustaba jogar lento, para saber lo que hacía. Por mi canto usted deduce. Canto para que cualquier joven jogue, y joga sin defecto. Para mis alumnos digo que voy a cantar y ellos ya saben que es lo que quiero: São bento pequeño. Y mi primer toque. Al otro tocador le digo: “de arriba para abajo”, y el sabe que es São bento grande. Para el de la viola le digo: repique y el pone la viola a llorar”.
Así, vamos poco a poco intentando transportarnos para aquel universo de las rodas tradicionales, en que la figura del mestre era casi sagrada, respetada por todos, por su saber y cualidades demostradas en la roda, en el toque de los instrumentos musicales y en las canciones. Mestre Waldemar, además de gran jugador, era también conocido como uno de los mejores cantantes de Bahia: “Aun tengo orgullo en mi garganta, de gritar mis ladainhas. Canto amarrado en la capoeira Angola. Todavía no encontré quién cantase más que yo. Si la mujer parió a un hombre para cantar no se cría…”
Preguntandole sobre como se formaba una orquesta de capoeira, el mestre nos dice:
“Primeramente un buen berimbau. Tres berimbaus: un berra-boi, una viola y un gunga. Después, ahora en esa moda nueva, apareció el atabaque, pero eran tres pandeiros, tres berimbaus y un reco-reco. Y el instrumento que acompaña al berimbau, para ayudar al berimbau, el caxixi, y había agogô. Después fue que se agregó el atabaque, pero en las rodas de antes no se tenía.
Sobre ese trecho, cabe una observación: sabemos que no podemos establecer un patrón riguroso de cómo se organizaban las rodas antiguas de capoeira, en términos de instrumentación musical, lo que se comprueba por las declaraciones de los viejos mestres, como Caiçara, Bobó, Canjiquinha, Ferreirinha y otros. Entendemos esas diferencias, como afirmamos en otra oportunidad en esta revista, como propias de la cultura popular de la cual hace parte. No nos podemos olvidar de que la improvisación es una característica esencial de la capoeira. La riqueza de las antiguas tradiciones de la capoeira radica, según entendemos, en sus valores y fundamentos éticos y culturales, que son mucho más importantes que cosas pequeñas como el número exacto de cada instrumento que los mestres escogían para utilizar en su roda. Otro comentario que puede ser hecho también destacando sobre lo dicho respecto a la utilización del atabaque: se sabe que su asociación a la práctica de capoeira es anterior a la del berimbau como se puede constatar, por ejemplo, en el grabado de Rugendas publicado en 1835. En aquella capoeira aparece un tambor, pero no un berimbau. Sin embargo, es probable que la practica de la capoeira en las calles como folguedo popular estuvieron, hasta por razones prácticas, realizadas por muchos años sin la utilización de atabaques. Esa puede ser la explicación para el hecho de que Mestre Waldemar se refiera al uso del atabaque “nueva moda”.
Retornando, a la entrevista de mestre da Liberdade, tenemos un importante relato sobre como se realizaban sus aulas. Hay una tendencia en los círculos de capoeira a pensar que en los grupos de la capoeira tradicional el aprendizaje estaba restringido a la convivencia informal con el mestre. Es verdad que la sistematización de las aulas de capoeira, con métodos más rigurosos de enseñanza, tiene su origen en la capoeira regional, sin embargo se han identificado entre los mestres más antiguos de Angola diversas e interesantes formas de transmisión de su conocimiento ya puestas en práctica en los años 30 y 40. Sobre este tema, Mestre Waldemar nos informa como, cuando enseñaba, señalaba con gestos a sus alumnos determinado movimiento que debían de ejecutar:
“yo enseñaba en la roda, pero también había días de entreno. Ellos estaban jogando y yo les hacía una señal para que hicieran una tesoura, hacía una señal para chibatear, hacía señal para que el otro bajara”.
Así mestre Waldemar daba continuidad a la tradición de la enseñanza de la capoeria Angola, conforme la aprendí de distintos mestres, como ya afirmamos. Refiriéndose a su aprendizaje con Siri de Mangue, antiguo capoeirista de Santo Amaro, Waldemar nos dice:
“El daba aquella vuelta y decía: “Agarre el ruedo de mi pantalón”. Yo iba a agarrar el ruedo del pantalón y el se viraba en aquella carambola desgraciada y ya venía con el rabo de arraia. Quando yo me iba levantando el decía “no se levante, que ahí va otro”. Los alumnos de el jogavam con la gente que ya era buena. Llegaba a arriesgar el chinelão, el zapato, dejar aquel riesgo. En aquel tiempo había capoeira”.
“observaciones de esa naturaleza son muy importantes en este momento de gran expansión de la capoeira en los medios deportivos, escolares y universitarios, cuando muchos nuevos investigadores y profesores, muchas veces por las dificultades de acceso a informaciones históricas, se concentran en elaborar métodos de enseñanza en algunas ocasiones sin aprovechar todo el conocimiento acumulado en tradiciones seculares.(…)

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